Luis Millones

  • Créer en milagros es ganar un tiempo de esperanza cuando las expectativas palidecen. Así se piensa bajo la sombra de una enfermedad irredenta, de una deuda impaga o de un amor que no regresa. Pero la angustia impedirá que seamos nosotros mismos los que administremos el reacomodo de la situación. Alguien con más poder, conferido desde espacios ignotos, deberá ser quien nos ofrezca nuevas posibilidades. La difusión moderna de quienes pueden devolvernos la fe, es la expresión más tardía de una exitosa profesión, arte la Ilaman quienes la ejercen, que empezó hace miles de años en esta parte del mundo, aunque es seguro que se inició con la humanidad. Su práctica está rodeada de objetos conocidos, pero con funciones diferentes. Desde sus orígenes, el curandero suele manejar elementos de la naturaleza (plantas, minerales), a los que acompaía con fluidos y restos de animales y hombres (huesos, sangre, saliva) que se transorman en la magia que nos restaura el ánimo y nos empuja a seguir viviendo.

  • El lector ideal de este libro es toda persona curiosa por la histo­ria del reino del Perú y del siglo XVI. También, este libro está es­crito para los interesados en la literatura colonial de América La­tina y, en particular, los estudiosos de las crónicas andinas. Mi intención ha sido escribir un ensayo que pudiera ser leído con interés y gusto por ambos públicos. Nada me daría más satisfac­ción que comprobar que lo he logrado. Por esta razón he debido tomar una decisión importante al escribir la versión final del li­bro: modernizar el lenguaje de todas las citas provenientes del siglo XVI y XVII que aparecen en el texto. No hacerlo hubiera sig­nificado comprometer la posibilidad de llegar a muchos lectores a los que espero satisfacer, especialmente porque creo que este libro llena un vacío no sólo en los estudios coloniales, sino tam­bién en el conocimiento general de un escritor importante del principio de nuestra historia como país mestizo. Así pues, todo académico queda advertido que las citas de la época son todas versiones mías, que he modernizado y alterado sólo cuando era necesario y con la intención de hacer la lectura accesible y có­moda, y respetando, en lo que no va poco esfuerzo, el sentido original de los textos. Esto incluye los dos documentos -el con­trato de matrimonio y el testamento- que van como apéndices. Naturalmente, todas las citas llevan referencias que permitirán, a quien lo desee, recurrir al texto original (o para ser exactos a las versiones de las ediciones citadas).

  • La construcción de imágenes divinas tuvo un punto de partida importante en los seres que rodearon al hombre en el principio de los tiempos. De todos ellos, los animales, con atributos imposibles de rivalizar, ofrecieron la posibilidad de construir las formas que soñaron nuestros antepasados. Nadie podía volar como el cóndor, desplazarse y atacar con la elegancia de un puma o aparecer súbitamente como la serpiente. Son éstos y otros miembros de la fauna andina los que encendieron la imaginación del misterioso redactor del Manuscrito de Huarochirí. Este documento, "pequeña biblia regional" como lo llamó Arguedas, sigue siendo el único texto sagrado, conservado en quechua, que relata la saga de los dioses, animales y los hombres antes de la llegada de los europeos. Que así sea, no debe sorprendernos, otros libros sacros como Gilgamesch, el Génesis o el Popol Vuh, glorificaron también a la fauna que poblaba los paisajes conocidos. De la misma forma, la construcción de la divinidad sumaba atributos observados en la naturaleza, para encontrar en su totalidad la imagen del dios que se buscaba. Este libro recoge el panteón andino que acompañó las aventuras de la humanidad en el amanecer de la vida, que transcurrió entre la montaña de Pariacaca y las aguas que bordean el santuario de Pachacamac.

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