Centro de estudios mexicanos y centroamericanos

  • No se trata aquí de una investigación, de una encuesta como la que está llevando a cabo Enrique Florescano, ni de un experimento de laboratorio como el que emprendió Pierre Nora. Por cierto, Pierre Nora es directamente responsable (involuntario) de este libro, con la complicidad de Marisol Loaeza, quien sirvió de truchimán. Ella me dijo un día: "¿Por qué no se ha hecho en México, con los historia­dores, un libro como el que hizo Pierre Nora?" "¿Cuál?", le contesté, confesando mi ignorancia. Ella me prestó entonces Essais d'égo-histoire de Maurice Agulhon, Pierre Chaunu, Georges Duby, Raul Girardet, Jacques Le Goff, Michelle Perrot y René Rémond, reunidos y pre­sentados por Pierre Nora (Gallimard, París, 1987, 369 p). Leí los siete textos en un día. De inmediato hablé primero a Luis González y después a Antonio Alatorre, Miguel León-Portilla, Alfre­do López Austin, Edmundo O'Gorman, Octavio Paz, Luis Villoro y Silvio Zavala. Todos aceptaron la invitación tan imprevista, menos don Edmundo: él accedió a contar las horas pero no para su publica­ción. No me atreví a insistir. Antonio Alatorre y Silvio Zavala acep­taron grabadora pero, de la misma manera que los cinco que escribie­ron directamente, cada uno fue por su camino, sin ninguna intervención de quien invitaba. Por eso estos capítulos se deben leer como fueron escritos, cada uno independientemente de los otros.

  • Las transformaciones del orden productivo y de la restructuración confieren a las regiones y localidades ciertas especializaciones que las definen con un determinado perfil en la división espacial del trabajo. Por ello, la dimensión territorial adquiere cada vez mayor importancia como el lugar donde ocurren los procesos de restructuración productiva. Esto significa que los agentes regionales y locales; las instituciones sociales y gubernamentales; los dirigentes económicos y otros actores, cobran gran relevancia para hacer valer su capacidad de intervención. Las regiones se ven emplazadas para transformarse por sus requerimientos internos y por los apremios de la globalización. Su valor en el paradigma de la competencia internacional consiste en aprovechar las ventajas materiales, geográficas y sociales sobre su capacidad de innovar y modernizar la vida económica y de participar en la confección de vínculos con el exterior que les permitan insertarse sin menoscabo de sus valores económicos, sociales y culturales.

  • Adaptación de una tesis de doctorado. El autor define el centro histórico, delimita su espacio y describe su esencia como individuo geográfico. Da cuenta de su desarrollo como espacio central, en el que se reúnen los testimonios arquitectónicos de seis siglos de historia colonial.

  • En 1969, Jacques Galinier emprendió el estudio etnográfico de los otomíes orientales, o sea del conjunto de comunidades que ocupan el territorio denominado a veces "Sur de la Huasteca". En las sierras y las zonas bajas que se extienden desde San Pablito al sur hasta Ixhuatlán de Madero al noreste y Texcatepec al noroeste, viven más de 60 mil otomíes quienes, junto con los de Santa Ana Huey tlalpan y de San Pedro Tlachichilco en el Altiplano de Tulancingo conforman el grupo más homogéneo del área otomí. Las investigaciones que concluyeron con la redacción del presente volumen comprendieron casi tres años de trabajo de campo. A pesar de la importancia de tal región en el México indígena, cuando J. Galinier empezó su trabajo no se había realizado en todo el sector más que un estudio monográfico sobre una sola comunidad y su contexto: se trata de la obra de James W. Dow, publicada por el INI en 1974. De aquí surge un primer interés del libro que ahora se publica. Vale la pena insistir en esto: no solamente dicho libro presentá datos sobre una región que hasta hoy en día constituía casi una terra incognita, sino que también representa un acercamiento etnográfico de orden regional, género ahora poco usual pero que convierte este volumen en un verdadero manual, introducción para todas las investigaciones futuras que serán realizadas en la misma región y referencia para las que serán desarrolladas en otras partes del país donde existen comunidades otomíes. Parte de la riqueza de la obra de Galinier se desprende de su enfoque regional, alimentada por un conocimiento extenso y profundo de la zona que abarca. Esto se manifiesta desde las primeras páginas cuando se describe el hábitat muy contrastado de las diferentes comunidades, pero sigue visible en todos los aspectos que aborda el estudio: uno de los puntos donde esta riqueza aparece con más claridad es, sin duda alguna, el que concierne al parentesco y su terminología. La presente obra está dividida en tres partes principales. La primera agrupa, después de una presentación del hábitat, toda una serie de informaciones sobre la organización social de los otomíes orientales: destacan aquí, entre otros, algunos datos y análisis referentes a formas residuales de una organización dualista, así como a un sistema de linajes patrilineales. La segunda parte detalla los diferentes elementos de la vida económica empezando por la división sexual y social de las tareas y concluyendo con los crecientes procesos de integración-dependencia de la economía regional hacia el mercado nacional. Finalmente, en la tercera parte (Cuerpo, naturaleza y sociedad) el autor, en cuatro capítulos particularmente densos, esboza el estudio de las prácticas rituales y de la visión del mundo de los otomíes orientales, temas sobre los cuales él siguió trabajando durante varios años después de la terminación de este volumen. Por la amplia información que da a conocer, el trabajo de J. Galinier se volverá, seguramente, un clásico de la etnología mexicana. Pero, sobrepasado el nivel de la descripción tradicional, varios comentarios y notablemente todos los que aluden al simbolismo, apoyados en luminosos análisis etnolingüísticos, abren las puertas de una etnología profunda. J. Galinier es "chargé de recherches" en el Centro Nacional de Investigación Científica de Francia (CNRS) y miembro del Laboratorio de Etnología y Sociología comparativa de la Universidad de París X. Fue miembro de la Misión arqueológica y etnológica francesa en México entre 1969 y 1977 y sigue colaborando con el CEMCA. En 1985, Galinier presentó, en la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales de París (EHESS) y bajo la dirección de J. Soustelle, una tesis de Doctorado de Estado, intitulada "La moité du monde. Essai sur les rituels des Indiens Otomis".

  • El tema central de este libro es el análisis de las correspondencias que existen entre la concepción de los actos rituales, la imagen del cuerpo y la visión del mundo de los otomíes que habitan en el sur de la Huasteca. En sus inicios, esta investigación pretendía resolver un enigma: ¿por qué la organización ritual de los otomíes se divide en dos sectores rigurosamente separados, el que compete a la tradición católica, y el de origen indígena, en gran parte disimulado en la intimidad de los oratorios, de los santuarios y de los cerros? ¿por que han rechazado el sincretismo? Discretamente, los datos históricos revelan la existencia, desde la Colonia, de un dispositivo de camuflaje que permitió ocultar hasta nuestra época un conjunto de ritos de origen prehispánico. Sin embargo, fue el descubrimiento inesperado de la teoría otomí relativa a la fisiología sexual señalada por la misma exégesis indígena - lo que expuso paulatinamente un inmenso campo de reflexión acerca del cuerpo humane; y del universo. Un cuerpo dicotOmizado entre la (jarte alta, la de Dios, y la parte baja, la del Diablo, la mitad del mundo. Este dualismo asimétrico (que privilegia el espacio inferior, la "parte otomí") es totalmente congruente con la bipartición del cosmos. A partir de tal isomorfismo se ilumina la sintaxis ritual y el sentido profundo de "las costumbres", de la devoción a los muertos y del carnaval. Se revela entonces la complejidad de un pensamiento cosmológico forjado en el dialogo tenebroso del sexo y de la muerte.

  • Este libro reúne los trabajos de arqueólogos, antropólogos, historiadores, médicos y etnólogos que intercambiaron experiencias y divulgaron sus avances técnicos y metodológicos sobre la concepción y representación del cuerpo en la ideología de la muerte, el tratamiento del cuerpo, la problemática y metodología, el cuerpo humano en los ritos funerarios y el cuerpo en los ritos extra funerarios. La presente obra integra algunos de los trabajos presentados en el Primer Simposio Internacional "El Cuerpo Humano y su Tratamiento Mortuorio", celebrado el 25 y 26 de enero de 1995 en la ciudad de México y organizado por el Instituto Nacional de Antropología e Historia, el Centro de Estudios de México y Centroamérica de la Embajada de Francia (CEMCA), la Embajada de la República Federal de Alemania y la Empresa Funeraria Gayosso. Asimismo, se prepararon diversos materiales, pues los estudios abarcaban desde la Prehistoria europea hasta la América de nuestros días, organizados en cuatro mesas de debate: 1) La concepción y representación del cuerpo humano en la ideología de la muerte, 2) El tratamiento del cuerpo: problemática y metodología, 3) El cuerpo humano en los ritos funerarios, y 4) El cuerpo en los ritos "extrafunerarios".

  • Este libro plantea reflexiones diversas en torno a los derroteros actuales de la geografía como disciplina científica, en concreto de aquellos marcados por la extensa obra de una de las figuras más trascendentes de la geografía francesa del siglo XIX y primeros años del XX: Elisée Reclus. En un mundo en recomposición marcado por la mundialización, la omnipresencia del "gran capital", la supuesta y no evidente desaparición progresiva de los Estados-nación, así como por la emergencia de nuevos actores sociales, intentamos contribuir en la búsqueda de respuestas a preguntas útiles e ineludibles actualmente para la disciplina geográfica y la interdisciplina: ¿cuál es hoy la especificidad de la geografía? ¿Cuáles son sus límites?, y ¿cómo se puede enriquecer en el contacto con otras disciplinas, como las ciencias políticas, las ciencias naturales, la historia o la antropología? ¿Cómo pasar de una geografía crítica marcada por el peso de los estructuralismos a otras geografías? ¿Qué lugar dar a conceptos como sujeto, poder, alteridad, medio ambiente, y qué lugar dar a lo social en una reflexión sobre los territorios y el espacio? ¿Cómo la obra de Reclus nos ayuda a pensar las relaciones entre el hombre social y la tierra? En su conjunto el libro plantea el rescate del individuo, ya no únicamente de la sociedad, como agente geográfico, y del reto a pensar en la posibilidad de un mundo fraterno y solidario en integración armónica con la naturaleza. Además, se ofrecen por primera vez en español resultados de las investigaciones recientes que realizan algunos de los mejores geógrafos franceses.

  • Divisé en trois parties, l'ouvrage étudie l'appareil inquisitorial, ses hommes, ses normes et ses codes, son activité et sa vie carcérale ; la vie vice-royale dans trois régions rurales métissées ; et analyse les caractéristiques de deux groupes spécifiques : les crypto-Juifs et les Noirs métisses ; ainsi que l'étude de trois béates et les visites effectuées par les inquisiteurs Saenz de Mañozca et Medina Rico.

  • Juan Francisco Hernández Hurtado, nació el 16 de Junio de 1916. Hijo de Nicanor Hernández y de Amada Hurtado. Originario del Rancho El Muerto. Jurisdicción de Santa María del Valle. Era miembro de una familia compuesta por 9 hijos, siete hombres y dos mujeres. Sus hermanos cuentan que de niño se distinguió por su capacidad intelectual. A la edad de siete años aprendió a leer con la ayuda de unas primas. También a la edad de siete años aprendió a trabajar el barro, fabricaba pitos de barro, los quemaba para darles duración. Cuando tenía diez años hacía flores de papel y las vendía. Cuando tenía 15 años padeció una enfermedad grave. Tuvo que ir a Guadalajara donde llegó con un primo hermano de su mamá, era un sacerdote con el cuál se quedó quince días mientras se recuperaba. Después los papás acordaron que se quedara un tiempo con el sacerdote para que pudiera estudiar. Empezó a estudiar música en el templo en donde estaba su tío. Al cumplir 20 años se vino a Santa María y desempeñó el oficio de sastre. Cuando regresó a su casa compró un violín, el cual se enseñó a tocarlo muy bien. Con los conocimientos de música que adquirió en Guadalajara, y además la habilidad que él poseía, se integró como miembro de la Banda de Música de Santa María, que la organizó el Padre Salomón Tovar G. Además de las múltiples actividades que realizaba, el ser el sastre del pueblo y miembro de la banda de música, adquirió otro oficio más. Llegó a Santa María un doctor de Veracruz con el que hizo una gran amistad. Éste doctor le enseñó cosas elementales de medicina, a diario estudiaba lo que el doctor le decía, además de acompañar al doctor en las consultas. Por su capacidad pronto aprendió a inyectar y a recetar. Cuando el doctor tuvo que regresarse a Veracruz Juan Francisco duró un tiempo haciendo las veces de un doctor en el pueblo, pues él recetaba a las personas de Santa María y de las rancherías cercanas. A la edad de 33 años empezó a escribir el libro de Tierra de Cristeros y la vida de Victoriano Ramírez. Su mayor deseo era hacer llegar este libro a la población alteña. Cuando se interesó por hacerlo todavía obtuvo testimonios de personas que anduvieron en la Revolución, además de haberla vivido y así poder contar con mayor sensibilidad los acontecimientos. El sueño de poder editar el libro no lo pudo realizar, pues murió a la edad de 43 años, diez años después que inició la redacción de este documento. Juan Francisco Hernández Hurtado murió el día 31 de agosto de 1959.

  • Entre los grupos étnicos del México actual, probablemente es el yaqui al que con mayor frecuencia se ha calificado de rebelde. Tal fama podría llevar al observador exterior a considerar la historia yaqui como simbólica de las luchas indígenas contra la dominación colonial o neocolonial -que se inició con la Conquista y puesta en práctica por la sociedad nacional nacida de la Independencia-. Sin embargo, y esto es una de las principales aportaciones del libro de Cécile Gouy-Gilbert, el caso de los yaquis es totalmente atípico dentro de la historia del México indígena. Desde su primer encuentro en 1533, las relaciones entre los yaquis y el mundo yori, que en realidad no siempre fueron conflictivas, siguieron un curso alejado tanto de la lógica de conquista-control que prevaleció en lo que fue Mesoamérica como de la otra lógica de conquistadestrucción impuesta a las tribus de la América árida. Superando la complejidad de los acontecimientos, el trabajo realizado por la autora tiene la virtud de aclarar perfectamente bien la sucesión de los hechos. Pero la calidad del estudio se aprecia aún más en los comentarios con los cuales concluye la presentación de cada fase del proceso histórico de resistencia. Es aquí donde los métodos de la resistencia, que muchas veces han tomado un camino indirecto, se hacen explícitos. El primer capítulo estudia todo el periodo colonial hasta la expulsión de los jesuitas en 1767. Desde el inicio, los contactos entre los yaquis y los españoles se establecieron según un esquema poco común. Victoriosos en el campo de las armas, los yaquis solicitaron el envío de misioneros. En el transcurso del siglo y medio de "paz jesuita", al mismo tiempo que se realizó cierta aculturación, se reforzó la identidad del grupo. Con la Independencia se inició un largo y complejo proceso de agresiones por parte de la sociedad nacional que culminó con el intento de genocidio más severo de la historia moderna de México: la deportación de 15 mil indios a Yucatán. Pero antes de este episodio, detenido por la Revolución, la resistencia, a la vez armada y política -el oportunismo en ambos campos fue entonces todo un arte-, no sólo aseguró a los yaquis cierta autonomía sino que también les permitió adaptarse poco a poco a las nuevas características de la sociedad dominante. Acerca del periodo revolucionario, la presente obra tiene un resultado muy saludable: descarta el riesgo de confusión de cierta historia oficial que, bajo el pretexto de la participación de los indios en los movimientos revolucionarios ( ¿cuáles?, ¿por cuál motivo?), sugiere que se hubiera sellado la reconciliación entre el grupo yaqui y los yoris. Estando todo el estudio enfocado hacia el fenómeno de la resistencia no es sorprendente constatar que las últimas páginas del libro, dedicadas a la actual situación de los yaquis, se repartan entre los polos de preservación e integración.

  • Somos conscientes en estas páginas de que la historiografía centroamericana todavía tiene problemas con la historia política. No hablemos el que representan los mitos. Esa historia política edificante, que ha supeditado la verdad a la ejemplaridad, con el objeto de imponer un tipo de con­ducta social. Pero, el estudio de la historia centroamericana tiene, además, grandes lagunas. Hasta ahora en la región ha prevalecido una interpretación que se centra en un criterio de con-tinuum político: independencia -república - reforma liberal - democracia, y que tiene como par­ticularidad sostener que el resultado presente viene a demostrar la predestinación de ese gran pro­ducto de la historia decimonónica: el Estado-nación. Esta visión telológica, por ende moral, es en gran parte la responsable de las lagunas, pues para ella basta con estudiar ciertas coyunturas po­líticas o socio-económicas y redondear una historia total.

  • Este volumen réune varias contribuciones sobre investigaciones recientes en Michoacán que tratan de reconstituir dinámicas históricas y culturales regionales para entender fenómenos de mayor amplitud tal como el surgimiento de Tula o la formación del Estado Tarasco. Tres espacios geográficos -que fueron viveros culturales sumamente importantes para el destino del Michoacán prehispánico y del México central- son explorados con temáticas espe­cíficas y desde perspectivas diferentes: el Centro-Norte, que aparece como el foco principal de los acontecimientos sociopolíticos de principios del siglo XIII que desembocan en la aparición de la entidad política tarasca; el Noreste, que ocupa la posición compleja de interfaz cultural, entre el territorio tarasco, el Bajío y la Cuenca de México; y la Costa Norte de Michoacán, que es una región periférica desconocida arqueológicamente, pero donde supuestamente ocurrieron fenóme­nos esenciales para entender los desarrollos culturales del Occidente de México.

  • A partir de un conjunto de cerámicas procedentes de lugares diversos y de épocas diferentes, se establece un sistema de denominación y de descripción de aplicación general basado en el método de "degrés du fait" elaborado por A. Leroi-Gourhan. Se hace una clasificación de la nomenclatura de las formas de los recipientes cerámicos, se presenta el vocabulario de las fases y procedimientos de fabricación y se define un repertorio de distintas técnicas de decoración.

  • Para Mota Padilla, la ciudad es "patria común" de todos los habitantes del reino. Hay que meditar esta afirmación: ante todo, en función del autor y de la fecha. Mota Padilla es uno de los primeros frutos de la "ilustración" en la Nueva Galicia y un panegirista del regionalismo inci­piente frente al poder de México (ese "vientre" que acapara todas las energías). Cronológicamente, está situado hacia la mitad del siglo XVIII, es decir, después del trabajo realizado durante dos siglos por las diversas fuerzas unificadoras (y no solamente políticas), en beneficio de Guadalaja­ra: como sucede con frecuencia, la cantidad de más prestigio obtuvo la gloria, aunque no el provecho. En los siglos pioneros (XVI y XVII), las reacciones habían sido más débiles: cuando se trataba de determinar la capital del reino en 1549, uno de los consultados declaró, entre risas, que quisiera verla a quinientas leguas de allí; cuando la Audiencia llegó a Guadalajara en 1560 después de los pobres resultados en Compostela -se le acusaba de haber contribuido a vaciar la ciudad-, la recibió Andrés Villanueva en nombre de la munici­palidad, y su actitud fue más que fría.

  • Análisis de cómo una pequeña democracia puede defenderse ante condiciones adversas y revelar los procedimientos, la fórmula del funcionamiento del sistema político costarricense contemporáneo, en términos de estabilidad, de contingencias económicas, políticas y sociales.

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